Un documento y una pantalla oscura sobre un escritorio.

IA para un proceso, no para «tener IA»

La IA en empresa sirve cuando hay un proceso concreto —clasificar, extraer, citar un documento— y se puede comprobar el resultado. No sirve «tener IA». El modelo se elige después del caso.

¿Un proceso, no un asistente genérico?

Un equipo consulta procedimientos internos y el asistente cita el documento, no inventa la norma. Un albarán se lee y el dato entra al sistema. Un ticket se clasifica para que no se pierda. Si no hay un sitio donde comprobar si acertó, no hay proyecto: hay una demo.

¿Local o en un servicio?

Si el documento no puede salir de la red de la empresa, el modelo se prueba en local. El lab IA local sobre un PDF interno cubre esa pregunta. Si el volumen o el tipo de tarea piden un servicio, se dice. No hay una tarifa de «IA» en esta pieza.

¿Qué se puede afirmar?

Que el dato o la cita se pueden revisar. Que el puente con el sistema, si existe, avisa si falla. Que no prometemos un porcentaje de acierto genérico. Si el caso se puede contar, está en Proyectos; si aún se está midiendo, en Labs.

La ficha de IA para empresas marca el límite. Un caso de albaranes está en Albaranes que no se teclean enteros.

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